Te preguntan qué tal y dices que bien, con mucho lío. Ya ni sabes si es verdad.
Cumples, resuelves y sostienes lo que hay que sostener. Y hay algo por dentro que lleva tiempo pidiendo sitio.
El cuerpo suele saberlo antes que la cabeza.
En mis clases de yoga en Lanzarote empezamos justo ahí, escuchando cómo has llegado hoy.

Desde Lanzarote, un ritual semanal para sostenerte con belleza en cada etapa del camino.
Hay días en los que llegas con ganas de moverte.
Otros días el cuerpo pesa, los hombros están tensos o la cabeza sigue repasando todo lo que ha ocurrido durante la jornada. También puede haber momentos en los que atraviesas algo difícil de explicar y simplemente necesitas un lugar donde estar durante un rato.
Mi método de yoga en Lanzarote comienza reconociendo ese punto de partida.
Sientes los pies. Observas la respiración. Mueves despacio una zona que llevaba horas rígida y percibes qué ocurre al hacerlo.
Cada postura permite escuchar una respuesta.
Quizá descubras una tensión que llevaba meses latente. Puede que notes cuánto esfuerzo estabas haciendo para mantener una posición sencilla o que la respiración empiece a llegar un poco más abajo después de varios minutos.
A veces ese momento de reconocimiento ya cambia la manera en la que permaneces dentro de tu cuerpo.
El yoga en Lanzarote parte de esa escucha y deja espacio para que cada mujer encuentre su propio ritmo.
Hay días en los que el cuerpo pide amplitud. Otros necesita suelo, quietud o una respiración más lenta.
Mis sesiones de yoga en Famara empiezan atendiendo a eso, sea lo que sea que traigas ese día.
Según te vas moviendo aparece información. Dónde tienes fuerza. Qué zonas están sosteniendo más de lo que pueden. A veces descubres una tensión que habías normalizado hace tanto que ya ni la notabas. Otras veces te das cuenta de que llevas meses respirando corto.
Muchas veces con percibirlo ya se mueve algo.
El cuerpo conoce los ritmos que has mantenido. También recuerda las pausas que no te permitiste y las palabras que decidiste guardar.
Escucharlo es acercarte a todo eso con honestidad, sin pedirte que cambie nada por el hecho de mirarlo.
Si estás buscando clases de yoga presenciales en Lanzarote, te espero en Famara. Un entorno natural perfecto para reconectar con tu cuerpo y tu centro.
Grupos reducidos (máx. 6 personas)
| Martes 18.00 – 19.30 h |
Todos los niveles Despierta – práctica de enraizamiento y calma |
| Miércoles 17.20 – 18.20 h |
Yoga para niños |
| Miércoles 18.30 – 20.00 h |
Adultos · nivel intermedio Rejuvenece – vitalidad y expansión |
| Jueves 10.00 – 11.30 h |
Todos los niveles Despierta – suavidad y presencia |
APORTACIÓN MENSUAL
60 € / 4 clases · 75 € / 5 clases
Incluye práctica semanal y atención personalizada
| Clase suelta | 20 € |
| Clase privada · 1 hora | 60 € |
| Clase privada · 1 hora y 30 min | 90 € |
Mis clases de yoga en Lanzarote forman parte de una propuesta propia de acompañamiento corporal y simbólico.
El yoga aporta movimiento y presencia, la respiración ayuda a permanecer, los símbolos permiten acercarse a experiencias que todavía no encuentran una explicación adecuada. El ritual señala que estás entrando en un tiempo diferente, reservado para escuchar lo que ocurre dentro de ti.
Cada sesión tiene su propio pulso. Puede comenzar con unos minutos de silencio, continuar con una secuencia pausada y conducir hacia un momento de mayor quietud. El movimiento consciente para mujeres parte de indicaciones cercanas, que dejan margen para que adaptes cada postura.
Mi práctica no exige una experiencia previa. Tampoco necesitas alcanzar posturas complejas. Puedes descansar cuando el cuerpo lo pida y modificar un movimiento cuando sientas que necesitas otra forma de atravesarlo.
Quizá hace años que dejaste de practicar yoga.
Puede que te sientas rígida, tengas miedo de hacerte daño o recuerdes alguna clase en la que sentiste que todas las demás sabían perfectamente qué hacer.
Puedes empezar desde ahí.
La práctica deja sitio para el cuerpo real con el que llegas. Cada postura admite ajustes y cada sesión permite encontrar una manera de moverte que puedas reconocer como tuya.
También hay días en los que descansar forma parte de la práctica.
Tumbarte unos minutos, respirar y sentir el suelo puede ser exactamente lo que necesitas en ese momento.
Con el tiempo empiezas a reconocer mejor esas señales. Percibes cuándo estás haciendo demasiado esfuerzo, cuándo necesitas bajar el ritmo y cuándo el cuerpo tiene ganas de avanzar un poco más.
Esa escucha continúa después de salir de la esterilla.
ALUMNAS Y ALUMNOS INNERIS
Doy clase en La Caleta de Famara, con el Risco detrás y el océano delante.
Cuando baja la marea el agua se retira tanto que la playa se convierte en otra cosa. Un espejo largo donde el cielo se dobla y dejas de saber qué estás pisando.
Aquí nada está puesto para gustar. El viento hace lo que quiere, el mar entra como le da la gana y el Risco lleva ahí desde mucho antes que cualquiera de nosotras.
Practicar delante de algo así tiene un efecto raro. Llevas años siendo amable, útil y disponible. Y de pronto estás frente a un sitio que no ha tenido que ser nada de eso para ser hermoso.
Me llamo Itziar Goikolea. Llevo más de 13 años acompañando a mujeres que atraviesan momentos muy distintos.
Estudié Empresariales porque era lo que tocaba. Terminé a los veintidós y estuve un año triste sin saber por qué. Con el tiempo entendí que lo que había debajo era sencillo: quería ir por mi camino y no por el que ya estaba puesto.
Salirme me costó años. Y lo que acabó moviéndome fue el cuerpo.
Si tú también llevas mucho tiempo haciendo lo que había que hacer, nos vamos a entender.

Practicar yoga en Lanzarote puede ser el inicio de un proceso que todavía no necesita tener un nombre.
Tal vez llegues buscando una actividad corporal y descubras que necesitabas un lugar donde volver a escucharte. Puede que varias sesiones de yoga en Lanzarote te permitan reconocer una señal que llevaba tiempo presente o te ayude a recuperar una parte de ti que había quedado cubierta por el ruido.
Te acompaño en ese regreso sin imponer un destino.
La primera sesión funciona como una entrada. Un momento para conocer la práctica, sentir cómo responde tu cuerpo y observar si esta forma de acompañamiento se adapta a ti.
No tienes que saber cuánto durará el recorrido, tampoco necesitas comprender ahora todo lo que estás atravesando.
La práctica puede convertirse en un portal hacia una relación más íntima contigo misma. Una forma de recuperar tu propio ritmo y recordar que, incluso en mitad de una transición, sigue existiendo dentro de ti un lugar al que volver.
Ese lugar eres tú.